lunes, 13 de diciembre de 2010

La última cima

Por primera vez, esta semana no proponemos un estreno de cine, sino de dvd. "La última cima" comenzó su andadura en dvd en España el 29 de noviembre.

Así, de entrada, la historia de un cura llamado Pablo Domínguez, que muere en accidente de montaña con 42 años, no se diría capaz de conformar el motivo de un apasionante documental. Cabe esperar en el mejor de los casos el acercamiento a una "buena persona", de cuyas acciones darían testimonio aquellos que le conocieron, con mayor o menor emotividad. Sin embargo cualquier prejuicio en esta línea se desvanece a los pocos minutos de empezar a visionar La última cima, un film memorable, que confirma el buen sabor de boca que Juan Manuel Cotelo dejó con su debut en la dirección, el trabajo de ficción El sudor de los ruiseñores.

Vertebra la película la mirada directa de Cotelo al espectador, que en varios momentos a lo largo del metraje, le interpela provocativamente, dando rienda suelta a sus cualidades actorales, un poco a lo Michael Moore, pero sin trampas. Botón de muestra es el arranque, donde señala que en el cine actual un film sobre un sacerdote sólo parece caber si éste es pederasta, ladrón, manipulador, ávido de poder, o, en el mejor de los casos, misionero en un país del tercer mundo; y vaticina que igual que tales sacerdotes son ´crucificados´, él asume el riesgo de correr igual suerte por mostrar a un sacerdote ´normal´, y con numerosas cualidades. O sea, alegre, listo, intelectual, apuesto, cercano, entregado a los demás, piadoso. Del que todos los que le conocieron parecen guardar recuerdos personales imborrables, de su amistad y cariño para con ellos.

Ha manejado el director muchas horas de grabación de personas que trataron a Domínguez: otros sacerdotes y obispos, alumnos y alumnas de la facultad de teología de san Dámaso de la que era decano, padres y hermanos, amigos y amigas... Y entre tanta declaración abundan los momentos conmovedores, y también los divertidos. Además ha acudido a fragmentos de una conferencia pronunciada por el propio protagonista del documental, y al audio de una entrevista y unos ejercicios espirituales. Pero el acierto es combinar todo este material, con la opinión de personas de la calle que hablan de lo que piensan que define a los sacerdotes en la actualidad. Lo que permite abordar por contraste -entre el estereotipo y el ejemplo de Domínguez- temas como la distancia que existe a veces entre la gente de la calle y los curas, el celibato, la celebración de la misa y lo que debe ser un sermón, la confesión, la cercanía en momentos de contradicción, la muerte...

Cotelo, que se confiesa abiertamente cristiano, intuye enseguida que su personaje, de no haber sido sacerdote, podía haber ´triunfado´ en cualquier campo que se hubiera propuesto. Y ése es el gancho para apelar al espectador no especialmente espiritual, que no puede evitar preguntarse por qué el tal Domínguez no optó por una vida mundana. La narración fluye ágilmente hacia su clímax, la muerte en el Moncayo junto a otra montañera, y tiene el acierto de hacer ver que... la muerte no es el final, como parece indicarlo la misma existencia de esta película. (Decine 21)

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